Cómo son los rusos?

Rompiendo hielo o a modo de introducción...


Por dónde empiezo?

Antes de nada hay que liberarse de los estereotipos, porque limitan mucho a la hora de hacer negocios. Así que nada de “en Rusia hay muchos rusos”, "las montañas rusas son guay", "me gusta la ensaladilla rusa", “los rusos no cuentan dinero” o “los rusos toman mucho vodka” ( este igual sí es cierto...).
Impresiones y clichés formados sobre los rusos durante las últimas décadas varían mucho entre sí y dependen siempre de si es un juicio emitido por un turista que habrá estado una semana en Moscú y, con suerte, otro par de días en San Petersburgo, o por algún estudiante o por algún empleado que lleva como nueve meses en algún sitio “en los alrededores de Moscú”, a escasos (!) 600 o 1000km. Asimismo hay mucha diferencia en cómo ven a los rusos los chinos, los norteamericanos, los latinoamericanos o los europeos.
A modo de introducción hemos querido dar una opinión más variada posible sobre los rusos y ofrecemos unos cortos comentarios de extranjeros que viven o pasan largas temporadas en Rusia. 

 Charlie Forray (EE.UU):
“En Rusia es todo más severo que en los Estados Unidos. En la cultura rusa se nota una preocupación y escepticismo, una duda de que el mundo exista para ayudarte a conseguir éxito. Observando a los rusos y comunicándome con ellos he notado que nunca dan por sentado que las cosas deberían ser de una manera concreta. Y esta duda les ha conferido un impresionante don de adaptación. Cuando se trata de alcanzar alturas y mejorar su calidad de vida, los rusos manifiestan una increíble resistencia y fuerza.


Jorge de Man (EE.UU):
“Cuando vine por primera vez a San Petersburgo, me llevaron a comer “blinis”. Ahí vi que a los blinis les ponen caviar, pescado o carne. Pensé “Por Dios, los crepes son para ponerles mermelada o mantequilla o chocolate”, pero por pura cortesía probé blinis con carne. Ahora es mi plato favorito. En los cuatro años que vivo aquí sólo una vez probé blinis con algo dulce”. 


Stratos Siurdakis (Grecia): 
“En Grecia la ensalada es una mezcla de verduras frescas. En Rusia la ensalada siempre lleva mayonesa y puede conservarse una semana. Nosotros llamamos el olivié “ensaladilla rusa” – en Grecia es un asco de plato, pero en Rusia sabe muy rico. Será que los griegos habremos copiado algo mal”. 


Iva Kuncheva (Bulgaria):
“El Primer canal en la tele. Lo adoro por la sensación de esquizofrenia persistente. Cuando acababa de venir a Rusia, me parecía que me sumergía en una realidad paralela, me sigue asombrando la manera de interpretar la información en este canal oficial”.


Victoria Ballesteros (España): 
“Los rusos critican poco a los demás y esto me gusta. Los españoles discutimos y rumoreamos todo el rato sobre los demás. Y me parece que la amistad aquí es otra: la gente aquí no divide la vida en la suya propia y la de los demás.
No importa qué dificultades afrontan los rusos, siempre piensan que todo saldrá bien. Tienen un dicho que me encanta “Todo lo que pasa, es para mejor”. Es posible que sea por el catolicismo, porque los españoles tendemos a pensar que es el hombre el que siempre tiene la culpa. Y aquí la gente cree que todo ocurre de la manera que tenía que ocurrir”.


Thomas Louer (EE.UU):
“No quiero decir nada malo sobre la política, porque no es mi país y estoy aquí de invitado, pero veo cómo el sistema dificulta la vida de mucha gente aquí. Las riquezas que tiene Rusia no alcanzan a su población. Y yo veo cómo lo afrontan: los rusos son una nación muy fuerte. 
He estado en 54 países y no existe otro país con la vida nocturna como aquí. La gente se comporta como si fuera la última noche de su vida. Están dispuestos a gastarse el último rublo que tengan”. 


Ploychanok Pontavornkunchai (Tailandia):
“Los hombres rusos son unos caballeros. Te abren la puerta, te ayudan a quitar el abrigo, es sensacional. Nunca he visto esto en ningún país y he estado en muchos. Aquí los hombres respetan a las mujeres y acuden a socorrerla”. 

Mika Pulsyu (Finlandia):
“Rusia me ha enseñado ser espontáneo y flexible. Pero planear el futuro en Rusia es imposible, hay que adaptarse constantemente a los cambios. A ratos esto puede ser curioso, pero en general estresa un montón”. 


Empieza el deshielo en el lago Baikal, foto del concurso "The Best of Russia"

    Hampus Töttrup (Suecia):
“Mi chica es rusa y ella me enseñó a hacer las colas y me introdujo en la burocracia rusa”.  

    Penny Phang (Hong Kong, China):
Cuando ves a un ruso en la calle, normalmente tiene una expresión de cara como si fuera a matar. Es una combinación de sangre fría y fuerza. Los rusos dejan siempre la impresión de ser gente muy severa, porque no sonríen, tanto hombres como mujeres. Los rusos siempre llevan una “pocker face”. Las chicas rusas son muy guapas, pero su belleza es fría. Mis amigos de Rusia dicen que es por el clima”.

Edgar Pauli (Francia):
“No leo mucho, pero es agradable ver que los rusos siguen comprando libros. En Francia muy poca gente lo hace”. 

Sulma Mesa (Colombia):
“Me he enamorado de la alfalfa hasta tal punto que cuando vuelvo a casa, me la llevo. En general, la comida rusa es muy sabrosa y te acostumbras muy rápido a ella. La única cosa que no he llegado a comprender es el “kholodets”, una cosa muy extraña”. 

James Brankin (Escocia, Reino Unido):

“Aquí la gente no depende tanto de lo que es políticamente correcto, como en Europa. Dicen lo que piensan de verdad, se interesan por lo que tú piensas y lo que dices. Yo soy mal hablado en inglés, pero a todos mis amigos escoceses les explico que los rusos a nivel de palabrotas no tienen comparación. La jerga y palabrotas en Rusia es un idioma aparte. 
Aquí es muy raro ver gente ultraborracha, en Gran Bretaña es más común”. 

Francis Mountjoy (Reino Unido):
“Aquí hay muchas cosas que en el Oeste se tacharían de homoeróticas. Por ejemplo, estar en una sauna entre un montón de hombres desnudos y darse mutuamente golpes con ramas de árboles. Además, aquí es muy popular el patinaje artístico y el ballet”. 

Charles Thompson (EE.UU):
“Llevo viviendo aquí unos cinco años y cuando el verano pasado fui a los Estados Unidos, me aburría – todo me parecía estable, pese a que soy de Chicago que se considera la capital de homicidios. Aquí la gente vive siempre en tensión y te acostumbras y luego es difícil desacostumbrarte de esto. En los Estados Unidos la única tensión que había vivido era la obtención del visado ruso”. 


Miquele Casadei (Italia):
“Me encanta que con una mano puedes parar cualquier coche para ir a la hora que sea a tu destino. En Italia sólo hay taxis legales”. 


Alejandro Saldaña (Perú):
“Me gusta mucho cómo trabajan los rusos. Pueden trabajar hasta 20 horas seguidas y no importa si son hombres o mujeres. Nosotros en seguida nos quejamos y decimos que nos explotan”. 


Leo Pigeau (Francia):
“Aquí la gente de mi edad se siente muy libre. Si vais, por dar un ejemplo, a Finlandia, es justo lo contrario. En Rusia se puede ser un poco gamberro, ir borracho por la calle o cometer errores. En Europa no se puede hacerlo: si te arriesgas, no eres normal. Y aquí te lo pasas bien”. 


Glyn James (Reino Unido):
“Una vez iba en el tren británico y escuchaba una conversación. Dos personas llevaban como veinte minutos hablando para cuánto tiempo les valía la carga del teléfono. Uno decía: “En mi móvil puedo hacerlo 20 minutos” y el otro le contestaba: “En el mío puedo hacerlo unos 50 minutos” y seguían así. Cuando vuelvo a Pulkovo (aeropuerto internacional de San Petersburgo) y me siento en el autobús hasta la parada Moskovskaya y veo gente con gorras de pelo, abrigos grandes, que fuman, escupen al suelo y discuten…. No sé por qué, pero me siento en casa”. 


Andrea Romani (Italia): 
“La comunicación con los rusos o te da todo o no te aporta nada. No son afables, son especialmente reservados y la primera impresión que producen es muy pesada. Entras en una tienda y no te saludan, sales y no te dan las gracias, no te aguantan ni la puerta en el metro. Pero si logras encontrar en su coraza una grieta correcta, los rusos cambian de repente. Y de pronto vas a su casa, a la dacha, a la sauna, te convidan con la comida doméstica, te presentan a los suyos. En estos instantes crees que los conoces toda tu vida”.



Si la lectura ha sido amena y sólo ha aumentado tu interés de seguir investigando cómo sería tener negocios con Rusia, adelante!

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